Favorito.
Find beauty.
Son las 8 de la mañana. Estoy sentada en mi roca favorita del mundo, sobre un acantilado que mira al mar cantábrico.
Sentada aquí me entran unas ganas tremendas de hacer de este un momento productivo. “Venga Leire, ¡medita!” suele ser uno de los pensamientos más recurrentes en este punto. También está el de hacer hipopresivos, enviar un audio a una amiga… pero esta vez he hecho bien mis deberes. Esta vez sólo estoy. Sin intentar sacar partido de esta situación.
Bueno miento, un poco de partido sí que le estoy sacando, porque se ha ocurrido escribir esta carta (fu*%^! ¡ya estamos otra vez!).
Siempre he pensado que todos tenemos una lista de lugares favoritos en el mundo. No tienen que ser los más cool, los más de moda, los más espectaculares… qué va. Para mi esos lugares son aquellos en los que desaparece la necesidad de hacer algo. En los que puedes SER, en los que sientes que todo es más sencillo, en los que puedes hasta visualizar raíces saliendo de tus pies y conectando con el mismísimo núcleo de la tierra (esto me ha quedado pelín freack pero qué quieres que te diga, I’m in). Lugares en donde siento que pertenezco al mundo, como si, durante un rato, todo estuviera exactamente donde tiene que estar.
Para mi esta roca es uno de mis lugares favoritos en el mundo desde hace varios años. Y ahora que lo pienso, no tengo muchos más. Tengo sitios que me encantan, donde soy feliz y que me hacen sentir ligera, pero no alcanzan esa categoría de sitio favorito Creo que, al menos en mi caso, el filtro es muy alto.
Aunque, para mi sorpresa, este verano he añadido otro a la lista. Una cala que aparece solo en marea baja en Cedeira, en donde me he quedado embelesada mirando cangrejos (te sonará que te hablé de ello aquí). La clave aquí es el embelesamiento. Este lugar no me ha invitado jamás a hacer hipopresivos o meditar en la postura de loto, qué va. Este nuevo sitio me tiene hipnotizada de principio a fin, quieta, callada, atenta a VIVIR. A maravillarme con lo que veo. A sentirme más viva que nunca.
Mientras escribo esto me doy cuenta de que nunca he escrito esa lista. Existe desde hace años, pero siempre ha vivido en mi cabeza.
Quizá hoy sea un buen día para empezar la tuya si es que no la tienes ya. No tiene por qué ser un acantilado, ni una playa. Puede ser la cafetería de debajo de casa, el parque por el que pasas al ir a trabajar o la casa de tus abuelos.
Esos lugares favoritos son importantes porque nos recuerdan quienes éramos antes del ruido. De las prisas. Antes de intentar sacar chispas a cada minuto de día.
No nos transforman, simplemente nos devuelven a nuestra esencia.
De hecho, tal vez descubrir cuáles son los tuyos sea una manera preciosa de descubrir también quién eres.
Mi #findbeauty de hoy es esa lista invisible de lugares favoritos que todos llevamos dentro. Esos lugares que, sin hacer ruido, siempre saben cómo devolvernos a casa.



Qué maravilla de imagen. Me gustaría estar ahí también. El mar siempre calma el alma, la apacigua. Disfruta de ese lugar favorito y gracias por compartirlo con nosotros. Un abrazo 🤗