Crucigrama
Find beauty.
Hace unos días fuimos a desayunar a la cafetería del pueblo.
No es que solo haya una, para nada. Hay muchas, de hecho. Pero esta, la de la primera rotonda, tiene algo especial.
Allí se reúnen cada mañana, desde que tienen uso de razón, Juan y sus amigos. Nacieron aquí, han salido muy poco de aquí. Trabajan aquí, disfrutan aquí. Viven aquí. Y su desayuno en esa cafetería no falla ni un solo día del año.
Es una cafetería de las de siempre. No tienen café de especialidad ni cinnamon rolls. Hacen un café de cafetera bastante normalito, recogen los platos de las bandejas de plástico —que chocan unas con otras con ese repiqueteo tan característico de los bares de toda la vida— y sirven tostadas, cruasanes o churros, que hacen ellos mismos y que, por cierto, están bastante ricos.
Sobre la barra descansan varios periódicos y algunas revistas que cualquiera puede coger y leer.
Mientras esperaba mi café me fijé en mis compañeros de barra. Dos de ellos estaban con el periódico de papel; otros tres, bastante más jóvenes, miraban el móvil sin levantar apenas la vista, enlazando un vídeo con el siguiente.
Adivina quiénes me llamaron la atención.
Uno de los hombres recorría cada línea del periódico con un bolígrafo, como si no quisiera dejar escapar ni una sola frase. El otro estaba completamente absorto haciendo un crucigrama.
Había algo profundamente bonito en aquella escena.
La calma con la que estaban concentrados contrastaba con la velocidad de todo lo que ocurría alrededor. Y pensé que quizá conectar profundamente con la vida se parezca más a eso: coger un bolígrafo y leer un periódico como si no hubiera nada más importante durante esos diez minutos.
Quizá la lentitud no consista en tardar más, en hacerlo todo más despacio, sino en prestar más atención.
Hace también unos días mi querida Jana compartió una reflexión en Instagram de la que, por supuesto, no hice captura de pantalla. Justo en ese momento decidí que ya era suficiente de acumular imágenes que luego nunca vuelvo a mirar.
Spoiler: esta sí la estaría utilizando ahora.
Gracias, Murphy.
En aquel texto hablaba del elogio a lo pequeño. De tener pocos y buenos amigos. De una casa pequeña que se limpia rápido. De unas vacaciones cerca, donde lo único importante sea respirar un poco mejor. De dejar de perseguir constantemente lo extraordinario para volver a disfrutar de lo que ya nos hace bien.
Y, de repente, todo encajó.
Como decía antes, hay muchas personas en este pueblo que nunca han sentido la necesidad de marcharse. O que lo hicieron y volvieron enseguida porque, como aquí, en ninguna parte.
Durante muchos años de mi vida yo he ido deprisa. He querido conocerlo todo, aprenderlo todo, vivirlo todo.
Y sigo creyendo que esa curiosidad forma parte de quién soy. Y que me sigue alimentando.
Pero aquella mañana entendí algo diferente: que el éxito tampoco tiene una única forma.
Hay quien necesita cruzar océanos para encontrarse. Y hay quien lo hace cada mañana desayunando en la misma barra, con las mismas personas, leyendo el periódico de siempre.
Ninguna de esas vidas me parece mejor que la otra. Lo único importante es que la vida que vivas sea la tuya, no la idea de éxito que has heredado o que ves constantemente en otras personas.
Porque somos muchos, y sería bastante aburrido que todos quisiéramos exactamente lo mismo.
Lo único que, para mí, tiene sentido es vivir de acuerdo con lo que uno es.
Y para descubrir algo tan grande, quizá lo que haga falta sea menos scroll y más silencio.
Menos prisas y más crucigramas.
Porque, al final, quizá los crucigramas nunca fueron solo un juego de palabras, sino una manera de entrenar la atención.
Y, quién sabe, también una forma de encontrarse a uno mismo.
Mi #findbeauty de hoy es para ellos.
Ahora, si me disculpas, creo que voy a bajar al bar del pueblo a tomarme un café, coger el periódico y hacer uno.
Quizá eso era lo que tenía de especial aquella cafetería. No el café, ni los churros, ni siquiera el periódico. Era uno de los pocos lugares en los que el tiempo todavía parecía tener permiso para ir despacio.



Me gusta lo que has dicho sobre el éxito. Quizá deberíamos trabajar más en ello, en concienciarnos de que el éxito tiene muchas formas, no solo se basa en ser reconocida a nivel mundial ☺️.
Ojalá sigamos encontrando belleza en esos momentos, en esos lugares para que no se pierdan.
Un abrazo, Leire
Gracias, Leire. Justo hoy pensaba en esto. En cómo los móviles parecen haberlo ocupado todo.
Ojalá sepamos llenar la vida de momentos en pausa, de un ritmo diferente. Yo reconozco me dejo arrastrar y estoy algo enferma de esta prisa.
Habrá que presentar batalla. Y parar.
Feliz domingo.